lunes, 14 de abril de 2008

Ángeles y demonios (1).

En el cielo. Las nubes son tan flexibles que los pies se hunden hasta el tobillo. Todos aquellos con los que nos cruzamos tienen una sonrisa tonta en su cara, casi como si fueran drogados.
A mi lado, el ángel. Todavía no se ha atrevido a decirme su nombre: dice que es extraño, que ellos nunca lo dicen,  como si les trajera mala suerte el tratar de individualizarse.
–¿Y cuándo os preguntan, qué decís?
–No nos preguntan nunca, Dios lo sabe todo. Nuestros superiores también.
Tiene lógica lo que dice, me callo.
Da paz andar al lado de un ángel.
–Es bonito todo esto.
–¿El qué?
Hago un gesto amplio con la mano.
–Todo esto, el cielo.
–Sí. Supongo.
Me gustaría que nuestros pasos sonaran. Reconocerme en nuestros pasos. Pero las nubes los amortiguan.
–Porque esto es el cielo ¿verdad?
Me mira, con una mezcla de curiosidad y tristeza.
–Espero que sí.
Es cuestión de fe, pienso.
–Yo también lo espero.

1 comentario:

Gonzalo Monfort dijo...

Es indudable que es cuestión de fe. Gracias por el blog, enhorabuena.